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A fuerza de mirar los árboles me transformé en un árbol y mis largos pies de árbol han horadado en el suelo anchas bolsas de veneno altas ciudades de osamentas a fuerza de pensar en el Congo me he trans formado en un Congo zumbante de bosques y de ríos donde el látigo chasquea como un gran estandarte el estandarte del profeta donde el agua hace likouala-likouala donde el chispazo de la cólera lanza su hacha verdosa y fuerza los jabalíes de la putrefacción en la bella linde violenta de las narices.
de “Cahier d‘un retour au pays natal”, (1939).
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